Estás peleando por un pastel que todavía no existe
6 min de lecturaHe visto más reuniones de negociación de equity de las que puedo contar. Todas siguen el mismo guion delirante donde dos o tres personas que se conocen desde hace un par de meses pelean por puntos porcentuales de una empresa ficticia que vale exactamente cero dólares. La energía que le meten a estas conversaciones altamente emocionales te haría pensar que están dividiendo el premio mayor de la lotería, cuando en realidad solo están peleando a muerte por dividir el papel de un boleto que ni siquiera han comprado.
La trampa del 50/50
La división de equity más común que veo es un 50/50 perfecto porque es el default para la gente que le tiene miedo al conflicto. Ocurre cuando nadie tiene el valor de iniciar una conversación genuinamente incómoda, así que todos asienten con educación y dicen que parece justo. Casi nunca es justo.
Las divisiones equitativas asumen una contribución igual a lo largo de los años, pero la contribución real no se trata de quién escribe código más rápido o quién habla con los primeros clientes. La contribución se trata de tiempo, de costo de oportunidad, de capital invertido, de acceso a redes, de experiencia profunda en la industria y, sobre todo, de quién va a cargar la empresa en su espalda cuando el dinero se acabe, porque el dinero siempre se acaba.
La idea no vale nada
Siempre hay alguien en el equipo que lo dice: “Fue mi idea, así que debería tener más equity”. Las ideas no valen equity, solo la ejecución vale equity. La idea inicial es la parte más barata de todo el juego porque las ideas sobran y son gratis. Lo que es escaso es encontrar personas dispuestas a pasar los próximos siete años de su vida convirtiendo un documento de Word en algo real.
En una de mis empresas, la idea original pasó por unos catorce pivotes antes de que encontráramos product-market fit inicial. La persona que originalmente tuvo la idea aportó cero valor a lo que la empresa finalmente llegó a ser, porque la idea era solo un punto de partida desechable. Si alguien está exigiendo más equity solo porque se le ocurrió el concepto original, tienes enfrente una bandera roja enorme. Están intentando cobrar por adelantado por una alucinación antes de que empiece el trabajo de verdad.
Lo que de verdad importa en una división
En lugar de pelear por porcentajes arbitrarios, tienes que pensar en las dimensiones que sí importan en el mundo real.
El compromiso de tiempo es lo primero. Tienes que establecer si todos van a estar a tiempo completo o si alguien va a mantener su trabajo seguro de nueve a cinco “por ahora”. Los founders de medio tiempo no deberían tener ni de cerca el mismo equity que los de tiempo completo. El capital es otra variable crítica. Tienes que evaluar si alguien está metiendo dinero de su bolsa, porque si un founder específico está financiando los primeros seis meses de salarios, servidores, abogados y facturas para mantener viva a la empresa, esa toma de riesgo tiene que reflejarse en la tabla de capitalización.
La experiencia en la industria y el acceso a contactos también tienen un valor cuantificable. Si estás construyendo una insurtech y alguien de tu equipo pasó diez años en una aseguradora importante navegando regulaciones y abriendo puertas con clientes que de otra forma te ignorarían, eso vale dinero. Pero lo más importante de todo es la claridad en el rol. Tienes que definir exactamente quién es el CEO y quién tiene la última palabra cuando haya un desacuerdo. Esto no se trata de egos, se trata de gobernanza limpia. Las empresas sin un tomador de decisiones claro se estancan y se mueren en su primer pivote importante.
La división final debería reflejar matemáticamente la combinación de todos estos factores. Por definición, nunca va a ser un 50/50 limpio.
El vesting es innegociable
No importa si conoces a tu co-founder desde la primaria ni importa si dicen que se tienen confianza ciega, le tienes que poner vesting a cada una de las acciones. El estándar de la industria son cuatro años completos con un cliff de un año. Si alguien renuncia o es despedido antes del día 365, se lleva exactamente nada. Si pasa del año, se gana el 25%, y el resto se libera de forma mensual.
Esta regla es innegociable porque la vida de la gente cambia. La persona que estaba comprometida a muerte en el mes dos podría tener un hijo inesperado, quemarse por completo o recibir una oferta corporativa que no puede rechazar en el mes ocho. Sin un calendario de vesting estricto te quedas permanentemente atorado con un accionista fantasma que tiene cero incentivos para aportar algo y todos los incentivos legales para ser un problema carísimo en tu siguiente ronda de inversión. El vesting no se trata de paranoia, se trata de alinear incentivos.
La empresa vale matemáticamente cero
Nadie parece internalizar este punto: cuando estás negociando la división de equity en la etapa inicial, estás negociando sobre nada. La empresa tiene cero ingresos, cero clientes, no hay producto y lo único que los respalda es un dominio de diez dólares y un canal en Slack.
No estás dividiendo un pastel, estás dividiendo el derecho teórico a un pastel futuro, condicionado a una cantidad absurda de trabajo que nadie ha hecho todavía. La energía que gastas peleando un cinco por ciento extra de nada es energía que no estás usando para validar si esa nada podría convertirse en un negocio real.
He visto a equipos pasar meses peleando por acuerdos de accionistas complejos antes de escribir una sola línea de código útil o hablar con un cliente, lo cual es una locura absoluta. Tienes que invertir el orden. Valida el mercado, construye primero y consigue tracción. La plática incómoda sobre el equity se vuelve mucho más fácil cuando hay algo de valor real en la mesa. Si no pueden ponerse de acuerdo para dividir una empresa falsa que no vale nada, no van a poder tomar decisiones críticas cuando haya millones de dólares en juego.
Lo que finalmente detuvo las peleas
La forma correcta de hacer este proceso se ve más o menos así:
Tengan la conversación difícil en la primera semana, no después de tres meses de trabajar sin estructura. Pongan las expectativas, contribuciones y compromisos de tiempo sobre la mesa. Recompensen al que está asumiendo más riesgo. El CEO a tiempo completo que financió el primer año naturalmente recibe más que el asesor a medio tiempo, es simple sentido común.
Usen un vesting estándar de cuatro años con un cliff de un año para todos sin excepciones. Creen un mecanismo para revisar la división si el rol de alguien cambia drásticamente durante el primer año. Y por favor, documenten todo esto con un acuerdo de accionistas revisado por un abogado que se dedique a startups, no con un documento descargado de Google ni con tu primo que se dedica a divorcios.
La mejor división de equity es la que te permite dejar de pensar en divisiones de equity para que te pongas a construir. Optimiza por velocidad y claridad operativa, no por tratar de exprimir un porcentaje más grande de una empresa que todavía no existe.