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Levantar capital en LATAM vs. USA: dos planetas distintos y la pesadilla de vivir en ambos

4 min de lectura

He levantado capital tanto en LATAM como en Estados Unidos y, aunque no soy un experto que vive de cerrar rondas, he navegado este proceso las suficientes veces en ambos lados de la frontera para decirte que estos son dos juegos distintos jugados en planetas diferentes. El playbook que funciona en San Francisco hará que se rían de ti en una sala de juntas en Ciudad de México, de la misma forma que el enfoque conservador de ingresos que convence a los fondos en LATAM hará que los VCs gringos se pregunten para qué diablos necesitas su dinero si ya eres rentable.

La parte peligrosa es que vemos los videos de YC Demo Day, memorizamos la retórica del pitch y terminamos creyendo que la física del mercado es la misma. No lo es, tu corporativo en México va a tardar meses en pagarte una factura de noventa días después de pedirte tres firmas físicas, tu fondo local puede necesitar seis meses de due diligence para darte un sí a medias, y tu mercado de salida se parece más a un pasillo estrecho que a una autopista global. Ninguno de los dos ecosistemas está mal, pero confundirlos te va a costar meses de vida y tiempo perdido, y si terminas intentando operar en ambos bajo sus propias reglas, prepárate para un infierno operativo muy particular.

Los VCs de LATAM le tienen pavor al riesgo

Este es el choque de realidad más grande para los founders que leen demasiado TechCrunch. El capital de riesgo en Estados Unidos está construido sobre la tesis matemática de invertir en empresas de alto riesgo donde casi todas van a fallar pero los pocos ganadores devolverán todo el fondo. En LATAM esa matemática no funciona, los fondos son mucho más pequeños, los exits son casos raros y los inversionistas locales tienen que ser por fuerza más conservadores.

Un fondo en LATAM te va a preguntar por tus ingresos recurrentes hoy mismo, y si tu respuesta es que estás en etapa pre-ingresos pero atacando un mercado enorme, la reunión se terminó antes de que sirvieran el café. Te van a pedir ver contratos reales firmados y depósitos bancarios en lugar de promesas y cartas de intención, y querrán ver tu camino exacto hacia la rentabilidad en lugar de proyecciones para volverte un unicornio. Te piden esto porque la pregunta que realmente se están haciendo en silencio es cómo pueden recuperar su dinero sin perder la camisa si no logras convertirte en un monstruo regional.

El maratón del due diligence

El due diligence en Estados Unidos para etapas tempranas es rápido y rara vez dura más de un par de semanas porque están apostando por la velocidad del equipo y el tamaño del mercado, sabiendo perfectamente que no hay mucho que auditar cuando una empresa apenas está arrancando. En LATAM el proceso puede tomar de tres a seis meses y se convierte en una auditoría corporativa que incluye proyecciones financieras a cinco años, revisiones legales exhaustivas de tus actas constitutivas y una revisión de cada estado de cuenta bancario desde el día que naciste.

Esto no pasa porque el talento local sea más minucioso, pasa porque el ecosistema está quemado después de años de ver empresas que se veían increíbles en el deck de inversión pero terminaron en nada, lo que genera una reacción de control financiero en lugar de confianza operativa. El problema de fondo es que seis meses de due diligence te asesinan el momentum, porque no puedes contratar talento ni meterle dinero al crecimiento mientras esperas a que un analista termine de revisar tus facturas en el SAT, mientras que el competidor gringo ya cerró su ronda por SAFE en tres semanas y te está comiendo el mercado.

La pesadilla operativa del cross-border

Si logras la proeza de levantar capital combinando ambos mercados, ahora tienes que lidiar con lo peor de ambos mundos al mismo tiempo, lo cual implica un nivel de burocracia que es su propio círculo del infierno. La mayoría de las startups terminan haciendo el clásico Delaware flip, donde una C-Corp en Estados Unidos es dueña del cien por ciento de una subsidiaria operativa en México o Colombia, creando un monstruo legal que tus abogados te juran que es la norma pero que nadie en tu equipo directivo entiende a profundidad.

Pero la verdadera pesadilla no es fiscal ni operativa, es de alineación. De un lado tienes a los VCs gringos exigiéndote quemar capital para dominar el mercado y perseguir la siguiente ronda, y del otro tienes a los fondos de LATAM presionándote para recortar gastos y proteger la rentabilidad. Terminas dándole explicaciones a dos grupos de inversionistas con prioridades opuestas que te exigen ganar dos juegos distintos al mismo tiempo.

Levantar dinero ya es bastante difícil como para sumarle la complejidad de jugar un partido con reglas que se contradicen. A veces es un mal necesario, pero que tienes que reconocer desde el inicio.