← Blog
EN ES

Validar cuando odias hablar con la gente

2 min de lectura

Soy un founder de perfil técnico, además con ansiedad social diagnosticada, entonces validar una idea se sentía más como exponerte al rechazo que como hacer research. Durante mucho tiempo me hice creer que validar una idea era encontrar maneras inteligentes de evitar la parte incómoda de hablar con personas, y siendo honestos, el ecosistema startup ayuda muchísimo a esconderte. Así que hice lo que hacen muchos founders técnicos: optimizar el sistema equivocado.

Hice encuestas por internet, pauté landing pages, moví features, hice pivots, medí métricas que no movían nada, y en el proceso quemé tiempo, dinero y ventanas de mercado que no iban a volver. Lo peor es que sentía que estaba haciendo las cosas bien, porque eso es exactamente lo que entendí que decían muchos manuales de startups. Parecía trabajo legítimo, había dashboards, tráfico, formularios, hipótesis y funnels, todo lo suficientemente sofisticado como para tapar la realidad de que estaba haciendo malabares para evitar conversaciones incómodas, todo mientras recibes palmaditas en la espalda de otros founders que tampoco te quieren incomodar.

Y cuando por fin salí a validar, también lo hice mal. Hice preguntas sesgadas diseñadas para que me aplaudieran la idea, busqué conocidos que estaban predispuestos a decirme que sí, y me quedé en entrevistas superficiales donde nadie quería ser brutalmente honesto y yo, francamente, tampoco quería escuchar nada doloroso. Al final, la inexperiencia, el orgullo y el miedo solo sirvieron para tirar más tiempo a la basura.

El click en la venta

Curiosamente, la validación me hizo click mucho después, no construyendo producto, sino vendiendo. Porque encerrarse a tirar código en el vacío es una cosa, pero lograr que alguien saque la tarjeta de crédito es una realidad completamente distinta. Ahí aparecen las objeciones reales, ahí te das cuenta de que entendiste mal el problema, de que construiste workflows que nadie pidió, de que la palabra interesante no significa urgente, y de que muchas veces gastaste no solo tu tiempo, sino también el tiempo y dinero de otras personas construyendo algo que el mercado jamás priorizaría.

Es en ese punto donde uno finalmente piensa: tal vez debí preguntar primero si esto realmente le importaba a alguien.

Hoy veo a muchos founders, especialmente a los técnicos, haciendo exactamente lo mismo. No fracasan por falta de capacidad. Fracasan porque son extremadamente buenos construyendo mecanismos sofisticados para evitar la vulnerabilidad de vender, escuchar objeciones y aceptar que quizá la idea no era tan importante como pensaban.